Ideas foodies para los que (no) llegan a todo

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Hola, soy Marta Simonet de Mésame Mucho y voy a hacer que te metas conmigo hasta la cocina, que salgas de ella, que la extiendas sobre el césped, que disfrutes alrededor de la mesa y sobre todo que llegues a todo porque, te voy a dar un secreto, el tiempo es solo tiempo y tengo un montón de trucos para que consigas que los minutos te parezcan horas mientras mueves el bigote. Esto es #EnUnÑAM y te va a gustar si eres, como yo, una de esas personas con ganas de comerse el mundo.

En esta sección te voy a dar ideas para los que (no) llegamos a todo pero siempre queremos un poco más. Personas inquietas, entusiastas y soñadoras. Somos amantes de la vida que hacemos tetris con las pasiones para encajar todas las piezas y fundir alguna línea que nos permita seguir invirtiendo algo de tiempo en aprender un poco más. Emprendedoras, viajeras y luchadoras. Capaces de todo.

Hace un tiempo descubrí que el tiempo de la comida es la hora que más puedo estirar, los minutos me resultan horas si tengo las piernas cruzadas a lo indio sobre un mantel, colgando sobre el mar, en la mesa de mi terraza o comiendo en el sofá. La cuestión es darle la vuelta a la rutina de lo cotidiano con éste último como ingrediente imprescindible. No hay que volverse loco ni creerse un estrella Michellin.

Hoy, sin ir más lejos, he cogido el salmón con parmentier de Casa Mas que tenía en la nevera, un tortita de trigo, los restos de una ensalada y un poco de col lombarda que había puesto en agua, vinagre y sal y me he colgado la cesta del hombro. Con estos ingredientes, un mantel de cuadros y un campo que gritaba “¡primavera!”, la hora de la comida me ha resultado un viaje a la Toscana. O si lo prefieres, puedes calentar el salmón con Parmentier en casa y montarte un picnic en el jardín.

 

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Me he montado un picnic improvisado sin morir en el intento. He rellenado la tortita con el salmón con parmentier, le he puesto los brotes de hojas verdes y la col lombarda y cada bocado venía sazonado de un horizonte azul cielo que pocos restaurantes lo tienen.

Busca soluciones y no excusas, disfruta de comer, de cocinar, de compartir y de vivir. Cambia, alguna vez, la lechuga de la ensalada por unas hojas de espinacas. Súbete a la azotea con unas velas y reinventa la ensaladilla que compraste el otro día cortándole unas fresas que mariden con tu vino y con sus ojos. Dale una vuelta a la rutina e improvisa un picnic en el parque con el plato preparado que tenías para zamparte en la oficina.

Disfruta del tiempo que (crees que) no tienes porque puede que tengas un Ratatouille debajo del sombrero si te atreves a darle una vuelta MAS o que el mantel te sirva de capa como a Superman. Te espero con ideas, recetas, historias y vida alrededor de la mesa, #EnUnÑAM.